domingo, 9 de mayo de 2010

De aves migratorias y cenizas volcánicas



Si absorto observa como una nube de cenizas volcánicas esparcidas por el cielo o una terrenal medida de fuerza de pilotos se encarga de desdibujar su sueño de volar, sepa que siempre hay una salida. Para no sentirse un Ícaro caído en desgracia, puede amarrarse a una bandada de pájaros y así pasar más cerca del sol.

No importa a donde vaya, tenga en cuenta que las aves migratorias pueden recorrer grandes distancias incluso sin escalas. Anders Hedenström, científico del departamento de biología de la universidad sueca de Lund, aportó especificaciones técnicas de algunos vuelos en el último número de la revista Plos Biology. Lo primero que hay que saber es que no será transportado por ningún Boeing, lo hará gracias a la energía y las alas de una aguja colipinta o de un playerito pectoral entre otras muchas aerolíneas silvestres disponibles.

Por ejemplo, si lo que busca es recorrer 11 mil kilómetros desde Alaska a Nueva Zelanda sin ninguna parada, debería apresurarse a reservar su tarjeta de embarque en las oficinas de la aguja colipinta. Luego de ocho días de vuelo pasará de presenciar una carrera de trineos a ver un partido de rugby de los All Blacks con haka incluido.

No todas las aves logran recorrer tan grandes distancias sin parar a cargar combustible. Aguja colipinta puede hacerlo debido a ciertos adelantos evolutivos entre los que se destaca una mejor utilización y economía de la energía: una vez repleto de combustible en forma de grasas y proteínas, sólo consume el 0,41 % de su masa corporal por hora de vuelo. Lejos están otras aves del grupo de las paseriformes quienes reducen entre el 0,6 a 1.5% de su masa corporal por cada hora de vuelo o el mayor gasto -alrededor de un 2%- realizado por algunos pájaros más pequeños parecidos a un colibrí.

En la actualidad no existe ninguna aeronave creada por el hombre que pueda cumplir dicha hazaña. El actual record de navegación sin escalas es ostentado por el ultraliviano QinetiQ Zephyr, que gracias a una batería de litio, y a pesar de que contó con la ayuda de la energía solar, en julio del 2008 sólo pudo sobrevolar el planeta Tierra durante 82 horas. La alas del aguja colipinta son más delgadas y además relativamente más largas en comparación con las de otras aves migratorias, por lo que pueden lograr sin dificultades un satisfactorio despegue con los tanques llenos de combustible. Para Hedenström, el ave cuenta con sus propias cartas de navegación y para no apartarse de su ruta preestablecida obtiene señales provenientes del sol, la luna, las estrellas y el campo magnético del planeta.

Por el contrario, si lo que usted desea es cambiar las gélidas tundras siberianas por paradisíacas playas de Sudamérica debería contactar a los del playerito pectoral. No ofrecen un vuelo directo, recorren los 16.000 kilómetros de distancia con una escala intermedia. Una detención sin dudas útil para caminar un poco y estirar las piernas.