martes, 22 de marzo de 2011

DJ-1: una proteína vital en la endometriosis



Una de cada diez mujeres en edad reproductiva padece una enfermedad ginecológica denominada endometriosis. Consiste en el desarrollo de un tejido que habitualmente constituye la pared interna del útero -conocida como endometrio- en órganos distintos a éste. Aún no se conoce del todo cómo y porqué las células endometriales hacen de ovarios, vejiga, y en algunos casos pulmones, nuevos sitios de residencia. Pero un reciente hallazgo de científicos publicado en la revista PLoS ONE quizás aclare un poco el panorama: DJ-1, una proteína reguladora, resultó ser vital para que las inquietas células estuvieran donde no debían estar.

DJ-1 haría las veces de un verdadero tónico energizante. Sisinthy Shivaji, investigador del Centro de Biología Celular y Molecular de Hyderabad, en la India, en un laboratorio empleó la proteína para facilitar la sobrevida, así como también las tareas de proliferación, migración e invasión de las células endometriales. Bajo su influjo evitaron el estrés oxidativo y la apoptosis o muerte celular programada. Además potenciaron su capacidad de adherirse al colágeno presente frecuentemente en los órganos invadidos.

Pero nada es para siempre, Shivaji luego se encaprichó y bloqueó la acción de DJ-1. Las pacientes con endometriosis presentan una gran expresión del comentado tónico. Mientras que en las células de laboratorio volvió la calma. Sin dudas parecían haber perdido en gran medida su energía.

martes, 8 de marzo de 2011

Genes para el Tibet: o cómo vivir en el techo del mundo



A más de 4000 metros de altura todo es más que complicado. Caminar por la meseta del Tibet, al suroeste de China, puede resultar una titánica tarea. Pasar una temporada, ni que hablar. En la mayoría de los casos no tardarán en aparecer cefaleas, mareos, falta de aire, además de fatiga física y mental. Le dicen Mal Crónico de Montaña, un suplicio que por suerte no es para todos: los tibetanos gracias a la selección de ciertos genes lograron amigarse con la altura y mitigar la caída en la concentración del oxígeno atmosférico.

Llegaron en el Neolítico, hace aproximadamente 10.000 años. Binbin Wang, científico del Instituto Nacional Chino para la Investigación en Planificación Familiar, afirmó en un artículo, recientemente publicado en la revista PLoS one, que lo hicieron a través de los valles que rodean a las montañas de Hengduan. Traían con ellos cromosomas aptos para la supervivencia.

Alrededor de 1100 generaciones transcurrieron ya sus días en la azotea del planeta. La continua acumulación de variaciones genéticas favorables les permitió adaptarse a las condiciones extremas reinantes. Para Wang, EPAS1, EGLN1, pero también ANGPT1, ECE1 y LEPR serían los genes involucrados.

Vasos sanguíneos con paredes más delgadas, alto flujo de sangre por el circuito pulmonar y otros tejidos, como por ejemplo la placenta. Además de un mayor desarrollo de órganos reproductores femeninos y mejores tasas de sobrevida de los recién nacidos, son los principales recursos que antepusieron con eficiencia frente a la temible escasez de oxígeno. Mal no les fue, practican la agricultura, crían algo de ganado, entre otras muchas actividades. También dan gracias a la genética, por permitirles ver el sol brillar desde el techo del mundo.