martes, 27 de septiembre de 2011

Einstein y la velocidad de la luz: corre, corre, neutrino



Desacelera neutrino, partícula atómica que te alejas de la luz y vas derecho a la oscuridad. No te aproveches de tu ínfima masa, bien sabes que no llega a ser la mil millonésima parte de la que se puede encontrar en un simple átomo de hidrógeno. ¿Por qué sí habitualmente atraviesas el planeta sin saludar esta vez tenías que figurar? Las tapas de todos los periódicos dicen que saliste del Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), recorriste 730 kilómetros bajo tierra y llegaste antes de lo que lo habría logrado un rayo de luz.

Parece que se trata de un nuevo record mundial. Le sacaste 60 nanosegundos –un nanosegundo es la mil millonésima parte de un segundo- a algo que decían que era imposible de superar. Igual, no era necesario contrariar al prócer de la teoría de la relatividad.

Albert Einstein, científico fundamental del siglo XX, legó a la humanidad un espacio y un tiempo diferente, así como también gran parte de los fundamentos teóricos en que reposa la física moderna. Lo aseguró Martin Gardner, un divulgador científico norteamericano, al final de su libro “La Explosión de la relatividad”. Textualmente: “A la tierra no le ocurrieron demasiadas cosas dignas de mención, al menos durante un tiempo. Continúo girando sobre su eje achatándose por los polos y dando vueltas alrededor del sol. Sin embargo algo le sucedió a la física. Su capacidad de explicar, predecir y alterar la faz de la tierra se hicieron mayores de lo que nunca antes había sido posible. Para bien o para mal”.

Dicen que Einstein antes de morir escribió “Newton perdóname”. Pero como ya lo afirmó el filósofo de la ciencia Thomas Kuhn “la tradición científica normal que surge de una revolución científica es no solo incompatible, sino también a menudo incomparable con la que existía con anterioridad”. En su libro “Diez teorías que conmovieron al mundo”, Leonardo Moledo, un divulgador científico argentino, comentó como Einstein refinó la física newtoniana y logró sacarle un decimal más a la realidad.

Isaac Newton, uno de los físicos más importantes de todos los tiempos, presuponía un espacio único y un tiempo único. Como dijo Moledo: “Einstein barre con este plácido y seguro paisaje establecido y al que dos siglos de funcionamiento no habían desgastado. Rompe con la idea de un tiempo único y un espacio único: no hay reloj idéntico para todos los observadores que serán incapaces de ponerse de acuerdo sobre la marcha de los relojes, las duraciones del tiempo y las distancias”.

En definitiva no hizo otra cosa que destruir el espacio y tiempo absoluto de Newton. Einstein tiñó con relatividad a fenómenos físicos tales como el movimiento, aunque algunas cosas como por ejemplo la velocidad de la luz se graduaron de absolutas en su teoría. “La velocidad de la luz es absoluta e idéntica para todos los observadores y ningún objeto material puede hacerlo mas rápido que ella”, sentenció el científico. ¿Y ahora con los neutrinos qué?

Cautela es por el momento lo que piden los científicos del CERN. Dejan en claro la necesidad de realizar nuevas mediciones, con la finalidad de descartar eventuales errores que puedan haber surgido durante el cronometraje de la alocada carrera de los neutrinos. Si hasta Rolf Heuer, director general del CERN, dijo en varios medios de comunicación que no cree que Einsten haya podido equivocarse.

Si se confirma la celeridad de los neutrinos se estaría en presencia de lo que Kuhn denominó una anomalía. Una espina que al no poder integrarse al paradigma, o principio teórico reinante, comienza a molestar las neuronas de los científicos.

Habitualmente el desconcierto de la comunidad científica lleva a la propuesta de alternativas y a la investigación al margen de las reglas del paradigma hasta ahora dominante. Surge así uno nuevo que directamente entra en pugna con el anterior. Crisis y revolución son para Kuhn los motores que permiten el progreso de la ciencia.

Por eso querido neutrino, mejor no te detengas. Acelera a fondo y muestra todo tu poder. Los científicos necesitan medirte, ver si cruzas nuevamente la meta victorioso. Permíteles saber si serás una nueva espina. El desarrollo de la ciencia es así, al golpe de revoluciones muchas veces brutales. Haz lo que tengas que hacer. Si ganas nuevamente, seguro que el viejo Einstein esté donde esté te perdonará.

Imagen: Flickr-morgantj

sábado, 17 de septiembre de 2011

Enfermedad de Chagas: las linternas de los afiebrados



Una luz en el túnel de los desesperados, una linterna para alrededor de 12 millones de afiebrados. Eso es lo que entre otros representa K777. Ni más ni menos que un intento de bala mágica contra el Trypanosoma cruzi, un infatigable parásito responsable de la enfermedad de Chagas. James McKerrow, investigador de la universidad de California, es su mentor y viene decidido a lograr algo que en los últimos años parecía casi inalcanzable: un nuevo medicamento para la enfermedad de Chagas.

McKerrow desde hace más de 20 años se dedica a buscar una respuesta para este problema. Detectó en su laboratorio que su compuesto posee una potente actividad contra Trypanosomas presentes en cultivos de células. Específicamente actúa contra cruzaína, una enzima vital para la sobrevida, multiplicación y diseminación del parásito.

Con la ayuda de Stephen Barr, investigador de la universidad norteamericana de Cornell, comenzó en 2005 con ensayos en animales de laboratorio. Arrojaron resultados satisfactorios que motivaron recientemente a la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) a darle el visto bueno para la puesta en marcha de fases iniciales de investigación en seres humanos.

En esta carrera con obstáculos McKerrow no recibió ningún apoyo de alguna de las numerosas compañías farmacéuticas existentes. “No conozco otro ejemplo de fármaco, que como está ocurriendo aquí, haya sido descubierto y desarrollado por fuera de la industria farmacéutica”, comentó McKerrow. Para los estudios iniciales en animales contó con el apoyo económico del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos.

Actualmente tiene el aval de la "Iniciativa medicamentos para enfermedades olvidadas", una organización sin fines de lucro, destinada al soporte de actividades de investigación y desarrollo de nuevos tratamientos para algunas enfermedades no tenidas en cuenta. La entidad está involucrada en varias líneas de investigación y espera contar con un nuevo medicamento contra el Chagas para 2014.

McKerrow ruega contar con fondos suficientes para continuar con su trabajo. “Esa es la forma en que esto funciona cuando no se tiene una compañía atrás. Usted no tiene accionistas o capital de riesgo de respaldo. Hay que poner piedra por piedra”, afirmó el investigador. Pero el esfuerzo bien lo vale. K777 podría en el futuro constituir una alternativa a nifurtimox y benznidazol, dos añejos medicamentos de eficacia limitada y toxicidad para nada despreciable.

Hace más de cuarenta años que los prospectos no hablan de un nuevo medicamento antichagásico. Pero por suerte las inquietudes de McKerrow parecen no ser aisladas, sino que están insertas en un cambio de paradigma. No pocos medicamentos diseñados inicialmente para otras enfermedades en la actualidad prueban suerte en la enfermedad de Chagas.

Un fármaco como el posconazol, indicado en el tratamiento para infecciones graves por hongos, es investigado en Brasil y Argentina gracias a un convenio entre un laboratorio farmacéutico y organismos sanitarios. También la milenaria y económica aspirina intenta formar parte del arsenal terapéutico. En definitiva, buscan también ser linternas de los afiebrados.

“Realmente deseo que todo esto sirva como modelo para el desarrollo de esfuerzos similares en distintas partes del mundo”, dijo McKerrow. Cuatro décadas, una noche larga para una vida corta. Con tantas marcas que ya forman parte. Pero no importa si aún se puede ayudar. Millones esperan, no vayan a demorar.

jueves, 15 de septiembre de 2011

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Píldoras para no dormir (en busca de mentes despiertas)



"Píldoras para no dormir” nos invita a sacudir nuestra mente a lo largo de cada uno de sus capítulos. Nos facilita volar o hacer una inmersión en la belleza de los mundos científicos, que vamos descubriendo a lo largo del viaje emprendido de la mano de Fernando Fuentes, en el que ni siquiera podremos echar una cabezadita de sueño. Porque consigue que nos sorprendamos, que estemos expectantes de llegar al final de cada historia.

Con su pluma, sus conocimientos y un estilo que facilita la lectura, el autor evita los tecnicismos y apuesta por un lenguaje sencillo. En algunas ocasiones, uno se siente como niño que escucha un cuento que lo lleva a tierras lejanas como el Antiguo Egipto o lo embarca en viajes junto a Cristóbal Colón o Charles Darwin. Cualquier persona de cultura media puede entender estos relatos, que son ejemplo claro de una buena divulgación científica: la sencillez va unida a la rigurosidad científica.

Rosa Castro Cavero

Periodista especializada en Divulgación cientifica
Aragon Investiga