sábado, 10 de diciembre de 2011

Una polipíldora contra enfermedades vasculares



Bitacora Suite.101: Artículos de otro espacio y tiempo para un mundo curvo y circular.

La enfermedades cardiovasculares tales como infartos y accidentes cerebrovasculares constituyen un problema central en la salud de la población con frecuentes recurrencias si son dejadas a su evolución natural. Al doctor Valentín Fuster, director del Instituto Cardiovascular del Hospital Mount Sinaí de Nueva York y presidente del Centro Nacional de Investigación Cardiovascular (CNIC) de España le toca lidiar diariamente con ellas y es por eso que está al mando de un proyecto de investigación básica y aplicada para conseguir una polipíldora que permita prevenir dichas recurrencias. Según comentan en el CNIC la polipíldora podría estar registrada y lista para su venta a partir del 2010.

Tendrá como componentes fármacos que se toman por separado: aspirina, un medicamento para disminuir el colesterol conocido como estatina y un antihipertensivo. Todo con un costo menor de 10 dólares al mes.

Existen evidencias recientes de su eficacia. En abril del 2009, un grupo de investigadores de la Universidad McMaster y el Colegio Médico St. Johns en la India liderados por el científico Salim Yusuf publicaron un artículo en la revista especializada The Lancet. En 412 personas en edades comprendidas entre los 45 y los 80 años, sanas pero con algún factor de riesgo tales como diabetes, presión alta, sobrepeso, tabaquismo, niveles altos de colesterol sanguíneo utilizaron una píldora que contenía una estatina, un diurético, un beta bloqueante destinado a reducir la frecuencia de latidos cardíacos llamado atenolol, antihipertensivos como el ramipril y aspirina. Fue efectiva para reducir en un 62% infartos y en un 48% los ACV. ¿Será el medicamento ideal?

Varios medicamentos en una misma pastilla


Un individuo que presentó un infarto cardíaco en la actualidad pasa a ser una persona polimedicada. Debe tomar entre cuatro a cinco medicamentos por día: antihipertensivos, aspirina para evitar la formación de coágulos, estatinas destinadas a reducir el colesterol sanguíneo y disminuir el tamaño de la placa que obstruye la arteria y betabloqueantes que reducen la frecuencia de latidos del corazón. Todos ellos son útiles para evitar las temidas recurrencias.

Para ser considerado un medicamento ideal este debe entre otras cosas ser administrado en una sola toma, económico, menos tóxico y por supuesto efectivo.
Numerosos trabajos demuestran que los pacientes que realizan tratamientos más simples tienen mayores niveles de adherencia a las pautas sugeridas. El esquema de tratamiento habitual, si bien es efectivo, dista un poco del ideal y suele ser complejo de seguir para algunos pacientes.

El concepto de polipíldora emergió de una editorial publicada por Salim Yusuf en el año 2002 en la revista médica The Lancet y un artículo de la revista British Medical Journal del año 2003. En el, los investigadores de la Universidad de Londres Malcom Law y Nick Wald luego de revisar todos los trabajos que se referían a prevención primaria o secundaria, es decir individuos que no presentaron eventos y aquellos que si los tuvieron, concluyeron que la combinación de una estatina, tres antihipertensivos en dosis a la mitad de las habituales, ácido fólico y aspirina en una sola píldora podía lograr reducir la enfermedad en un 80 %. Según los autores, la polipíldora permitía una sola toma diaria, dosis más bajas, menores reacciones adversas, menores gastos para el paciente y eficacia.

Pero no se contentaron con eso, sino que sugirieron que la polipíldora sería útil tanto en la prevención primaria como así también en la prevención secundaria y que debido a la magnitud del problema independientemente de la presencia o no de factores de riesgo debía usarse no solamente en las personas que sufrieron infartos sino en todas aquellas por encima de los 55 años.

No todo es tan fácil. Las críticas a Law y Wald vinieron de parte de colegas que los acusaron de medicalizar la población y crear pacientes. Los científicos de la universidad de Rótterdam liderados por Oscar Franco en el 2004 publicaron en British Medical Journal un estudio en el que acuñaron irónicamente el término "policomida". Combinar vino, pescado, chocolate, frutas, vegetales almendras y ajo tenía una efectividad para reducir el riesgo de una manera más barata, segura y apetitosa en alrededor del 76%. Los debates aún continúan

Infartos cardiacos y cerebrales, dos viejos problemas con posible nueva salida


En el 2005, la Organización Mundial de la Salud publicó estadísticas que ubicaban a las enfermedades cardiovasculares como la principal causa de muerte en la población. En el planeta Tierra durante ese año murieron 17.5 millones de personas por ellas. Si los números no le dicen demasiado, tenga en cuenta que esa cifra equivale a la mitad de la población de Canadá en la actualidad.

Ahora, ¿Por qué, aunque hace tiempo que se reconoce la importancia de los factores de riesgo y los médicos prescriben efectivas pautas de prevención primaria y secundaria en el tratamiento de los pacientes, las enfermedades cardíacas en pleno siglo XXI siguen primeras en el top ten de las causas de muerte?
La respuesta viene de la mano de estudios que muestran que el 50% de los pacientes cumplen con las pautas recomendadas. Quizás la polipíldora sea en parte una posible solución.

Imagen:eblaser Flickr.

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martes, 6 de diciembre de 2011

Nuevo diccionario de epidemiología

Bitacora Suite.101: Artículos de otro espacio y tiempo para un mundo curvo y circular.



Si víctima del pánico adquirió barbijos y oseltamivir, resultaría imperdonable no comprar el diccionario epidemiológico de enfermedades transmisibles ilustrado que acaban de editar. Es inapelable que se protegerá mejor, si logra informarse en un área que estudia problemas de salud y enfermedad de la población en un tiempo y un lugar determinado. Esa área es la epidemiología.

En sus páginas a todo color usted reconocerá una palabra mediática denominada pandemia. Leerá que describe una enfermedad de tipo epidémica que afecta a muchos países al mismo tiempo. No del todo conforme, buscará el significado de epidemia y debajo de una foto de John Snow, un médico inglés que enfrentó la epidemia de cólera que azotó Londres en 1854, apreciará que el término refiere a una enfermedad que afecta a un número de personas superior al esperado en un tiempo y lugar determinado. Es decir, que si ocurriera un sólo caso de la erradicada viruela en el mundo, representaría un caso no esperado y constituiría una epidemia.

Finalizado el recorrido, entenderá las palabras pronunciadas por la doctora Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud, quien rotuló como pandemia a la Gripe A. Pero por favor, no se encandile con los flashes de las cámaras y visite la palabra endemia. Es frecuentemente negada por los sectores públicos y privados y se emplea para denominar a una enfermedad que transita año tras año de manera regular con una cantidad de afectados que se ajusta a los esperados.

La enfermedad de Chagas es endémica en Latinoamérica. Cincuenta mil personas mueren cada año, diez millones están infectadas y cien millones corren riesgo de contraerla a partir del germen Trypanosoma cruzi. La popular vinchuca lo transmite a personas susceptibles que suelen vivir en ambientes rurales y precarios.

Conozca el significado de algunas palabras


Luego de un merecido descanso, si procura traducir la última afirmación al lenguaje epidemiológico deberá recurrir a otras palabras claves que se entrelazan en el viejo concepto de tríada epidemiológica o en el de cadena de infección. Para ello convocará a los términos agente, ambiente y huésped.

Al ver las fotos de la bacteria Escherischia coli, responsable de infecciones intestinales luego de comer una hamburguesa mal cocinada, o la del hongo oportunista Candida albicans, generador de complicaciones esofágicas en huéspedes susceptibles y del Plasmodium vinculado a la malaria, no quedarán dudas acerca del rol agente en las enfermedades transmisibles.

Ahora bien, deberá comprender que la infección no se resume sólo en él, sino que requiere de otras palabras para producir el estímulo que la desencadena. El impacto del citomegalovirus en un huésped inmunodeprimido por el virus de la inmunodeficiencia humana o por el uso de medicamentos que evitan el rechazo a un transplante es diferente al que puede ocurrir en individuos con defensas intactas.
El mismo Citomegalovirus pasa sin pena ni gloria en el segundo mientras que puede generar complicaciones en la retina del primero.

La última palabra para entender el concepto es ambiente. Una vivienda hacinada constituye un refugio para el bacilo de Koch responsable de la tuberculosis y un recipiente con agua es una mansión para el mosquito Aedes aegypti transmisor del dengue.

Comentarios de los editores de la obra


Los editores del diccionario no soportarían ser generadores de un sopor similar al que produce el Aedes y sugieren finalizar esta primera aproximación. Pero antes de cerrar el libro le piden que consulte una palabra denominada transmisión. El adjetivo transmisible en la portada según dicen lo justifica.

Es una palabra vital en el proceso infeccioso y engloba conceptos. Entre ellos el de fuente de infección, que es entendido como la persona, animal, objeto o sustancia de la cual el agente pasa al huésped. Si retiene aún su curiosidad, verá que en ciertas situaciones pueden identificarse fuentes comunes tales como la intoxicación alimenticia con bacterias conocidas como estafilococos en los asistentes a una comida. Otras suelen ser fuentes propagadas de personas o animales enfermos a personas sanas. No estornude y piense en el resfrío común.

Aparecerán puertas de eliminación que usa el agente al salir del huésped y puertas de entrada a un nuevo individuo. En la mayoría de los casos las últimas son las mismas empleadas por el agente en su salida. Un neumococo, bacteria responsable de neumonías, sale por vía respiratoria y entra en el nuevo infectado por esa vía.

En el medio, un mecanismo de transmisión del agente infeccioso sin intermediarios y tan directo como la mordedura de un perro y la rabia o por el contrario indirecto en la que vehículos tales como los instrumentos médicos mal esterilizados o los vectores invertebrados como el famoso Aedes, que aquí trabaja a sueldo, hacen su trabajo. La infección concretada puede ser inaparente o asintomática o bien aparente con signos y síntomas de enfermedad. Una rinofaringitis asintomática producida por el estafilococo en un cirujano puede ser la clave para entender una epidemia de infecciones cutáneas en pacientes operados. Llegó así al concepto de portador.

Si usted piensa que este diccionario es oportunista y aprovecha el viento de los acontecimientos quizás esté en lo cierto. Desde su origen, las explosivas enfermedades transmisibles tienen más visibilidad que otras epidemias no transmisibles importantes para la salud pública como los accidentes, el tabaquismo o la desnutrición.

Lo que lamentablemente los editores no comparten es que la obra responda a una moda pasajera. Fundamentan la afirmación en trabajos publicados por científicos en revistas prestigiosas que pronostican que al ritmo del cambio climático 260-320 millones de personas padecerán malaria en el 2080 o que inundaciones causarán un mayor número de enfermedades parasitarias. Lejos del Apocalipsis los editores se despiden con dos palabras que exceden la epidemiología: información y tranquilidad. La primera le permitirá obrar de la mejor manera posible y la segunda le recordará que existieron, existen y existirán muchos John Snow que frente a todo, intenten clausurar la bomba de agua que nutre a la enfermedad.