domingo, 19 de febrero de 2012

La química de los fuegos artificiales


Bitacora Suite.101: Artículos de otro espacio y tiempo para un mundo curvo y circular.

La leyenda más aceptada remonta el origen de los fuegos artificiales a más de 1.000 años atrás en un lugar de la antigua China y afirma que fue producto de un accidente generado por un distraído cocinero que trabajaba al aire libre. Con poca fortuna, fusionó entre otras cosas carbón, ácido sulfúrico y salitre, que al ser comprimidos en un tubo de bambú, desencadenaron una combustión y una colorida explosión que despabiló al chef. De ahí en más, la psicodelia se apoderó del firmamento.

Incandescencia y luminiscencia

Son dos de las propiedades vitales que le permite a usted disfrutar cada fin de año del esperado espectáculo de luces. La incandescencia es la capacidad por la cual algunos metales, como por ejemplo el aluminio, el magnesio y el titanio emiten luz al ser sometidos al calor. El sol, las ahora combatidas bombillas eléctricas y las bengalas, se basan en este principio para producir diversas tonalidades de luces rojas, naranjas, amarillas y blancas según el nivel de calor reinante. Gracias a la regulación de la temperatura es factible para los fabricantes obtener colores deseados en el momento elegido.

La luminiscencia, por el contrario es la facilidad que tienen algunas sustancias de emitir estímulos luminosos a temperatura ambiente o baja. Es decir la fuente de energía, que en este caso no es el calor sino producto de una reacción química, es absorbida por un electrón de un átomo. El electrón entonces se excita y pasa a un nivel más alto de energía, pero además se convierte en inestable. Cuando luego retorna a su estado anterior libera esa energía acumulada en forma de fotones. De acuerdo a la cantidad de energía generada y el compuesto empleado se teñirá de rojo o verde la noche.

Reacciones Redox

Cuidadosamente empaquetados, los fuegos artificiales contienen diversos componentes químicos que actúan en forma secuencial tales como oxidantes y reductores entre otros. Los oxidantes, como por ejemplo el frecuentemente empleado nitrato de potasio, se encargan de liberar átomos de oxígeno que luego interactúan con el resto de los componentes de la mezcla pirotécnica.

Los reductores, en cambio queman el oxígeno producido por los oxidantes y generan coloridos gases calientes. En el medio de la reacción existe una visible transferencia neta de electrones del reductor al oxidante. El azufre y el carbón son dos viejos conocidos agentes reductores y frecuentes constituyentes de los fuegos de artificio. Suelen transformarse en dióxido de azufre y dióxido de carbono respectivamente y generan un olor característico.

Paleta de colores

Los químicos son verdaderos émulos del pintor Diego Velázquez y en su afán de iluminar el oscuro cielo emplean sales que actúan como colorantes. Es así que las tonalidades rojas, que habitualmente se observan, están generadas por sales de estroncio y litio, las naranjas por compuestos de calcio y las amarillas por sales de sodio. Por el contrario, si en su retina impactan el azul y el verde, aunque usted no lo vea, está respectivamente ante la presencia de compuestos de cobre y bario.

¡Fuera malos espíritus!


En la antigüedad a los fuegos artificiales se les atribuía el poder de ahuyentar a los espíritus malignos. En la actualidad, según algunas estadísticas, por ejemplo en los Estados Unidos, cada año 8.000 personas lamentablemente sufren lesiones derivadas del uso de pirotecnia y alrededor de la mitad de dichas víctimas son niños. Un tercio de las lesiones que se generan se deben a la manipulación de fuegos artificiales de fabricación ilegal.

Sin dudas, mayores controles en su producción y comercialización así como un uso más racional y responsable ayudarán a evitar a dichos indeseables fantasmas, y permitirán disfrutar con tranquilidad del espectáculo.

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