miércoles, 25 de julio de 2012

Lo que siempre quiso saber de priones y nunca se atrevió a preguntar




Un prión es una proteína que siempre quiso ser un virus. No tiene ácidos nucleicos como esos inquietos microorganismos, pero no le importa. Igual se las ingenia para infectar, multiplicarse en animales y seres humanos, también para generar entre otras cosas la popularmente conocida Enfermedad de la Vaca loca. El cerebro es su predilección, una esponja su musa de inspiración. En la revista PLos Pathogens, Adriano Aguzzi, científico del Instituto de Neuropatología de la universidad suiza de Zurich, respondió preguntas que quizás usted también se hizo y por temor nunca se atrevió a preguntar.

¿Cómo ingresan los priones en el cuerpo humano?

Según Aguzzi por vías diversas, incluida la herencia. Una neurocirugía con material quirúrgico contaminado puede ser una perfecta excusa para la entrada de estas proteínas. A modo de ejemplo, basta recordar lo sucedido en Suiza en la década de 1970. Electrodos que se implantaban directamente en el cerebro -para registrar la actividad eléctrica del mismo por medio de un electroencefalograma- fueron utilizados inadvertidamente en un sujeto con enfermedad de Creutzfeldt Jakob, un trastorno degenerativo y mortal producido por priones.

Luego este instrumental fue esterilizado con etanol y formaldehído y reutilizado en dos pacientes jóvenes: como resultado ambos desarrollaron la citada enfermedad y tuvieron un desenlace fatal. El proceso de esterilización empleado en los electrodos había sido efectivo para atacar virus y bacterias, pero no priones. La capacidad para infectar de esos mismos electrodos fue confirmada experimentalmente un tiempo después por medio de la implantación en un chimpancé.

Antes del advenimiento de las modernas hormonas de crecimiento -sintetizadas gracias a tecnologías en las que interviene el acido desoxirribonucleico (ADN)- se empleaban como tratamiento en pacientes con déficit hormonal aquellas directamente extraídas de glándulas hipófisis cadavéricas. Alrededor de 160 muertes por Enfermedad de Creutzfeldt  Jakob, ocurridas en sujetos jóvenes que habían recibido la hormona 10 o 15 años atrás, desencadenaron directamente el retiro del preparado cadavérico del mercado en 1985.

Más cerca en la escala del tiempo, los priones tuvieron también su momento de máxima exposición mediática. Corría el año 1996 y el Reino Unido se estremecía con  tapas de periódicos que hablaban de una variante de la vieja Enfermedad de Creutzfeldt Jakob. Aquella susceptible de ser contraída en humanos por medio de la ingestión de carne vacuna, procedente de animales infectados por priones. Hasta el momento han sido reportados más de 200 casos de la enfermedad adquiridos por esta vía.

Pero era ya conocido que por vía digestiva se transmitía esta proteína anómala. De manera más solapada las prácticas rituales de canibalismo, en algunas tribus de la Polinesia, eran responsables del ya casi erradicado Kuru: una enfermedad por priones producto de la ingestión de tejidos cerebrales de difuntos durante ritos funerarios. Todo con la intención de adquirir su sabiduría.

Sabiduría y mayores conocimientos son los que se necesitan aún para confirmar fehacientemente a la vía respiratoria como otra puerta de entrada de priones. Algunos estudios en ratones dan cuenta de esa posibilidad.

¿Cómo llegan los priones al sistema nervioso central?

Se encuentra debidamente documentado que los priones en su ruta hacia el cerebro tienen una parada intermedia en algunas estructuras linfáticas, como por ejemplo los ganglios linfáticos o el bazo. Allí estas partículas, invisibles a los microscopios convencionales, evaden la respuesta inmunitaria y hacen buenas migas con algunas células habitualmente hostiles para agentes invasores externos.

Las  células dendríticas foliculares generalmente se encargan de presentar a otras células  inmunitarias elementos extraños y ponerles el rotulo de antígeno. Pero no se trata ese de un acto de camaradería para el foráneo. Por el contrario, significa la puesta en marcha de un mecanismo de defensa inmunitario destinado a eliminarlo.

No es eso lo que ocurre con los priones. Están tan a gusto en el interior de dichas células que se acumulan y replican. Otras células como los linfocitos tipo B, habitualmente liberadores de anticuerpos, también no hacen otra cosa que darles una cálida bienvenida.

Pero la  amabilidad para el prion no termina allí. Sin pagar peaje son transportados, directamente desde las estructuras linfáticas hasta el sistema nervioso central, por medio de los nervios del sistema nervioso autónomo.

¿Cómo daña el prión el Sistema Nervioso Central?

Cómo un lozano cerebro termina hecho una esponja es algo que para los científicos aún no tiene demasiada explicación.  Si saben que en la superficie que recubre y protege las neuronas se encuentran unas proteínas denominadas PRP.

El rol de estas proteínas no está muy claro y se cree que tendrían la capacidad de cambiar su forma y estructura por acción de los priones. A la proteína modificada  anómala se la pasa a denominar PRPSc. Esta proteína mutada tiene luego la habilidad unirse a sus homólogas normales, para luego infectarlas y convertirlas en defectuosas (PRPSc). Cuando aparecen numerosas proteínas mutadas el desenlace no es otro que la desestructuración crónica de las neuronas y la aparición de verdaderos huecos en diversos sectores del encéfalo.

Dejamos tranquilos por el momento a los investigadores, para que continúen con su tarea de estimular preguntas y si se puede encontrar alguna respuesta. El prión en tanto no es otra cosa que un rebelde que vino a contradecir el precepto central de la biología molecular. Aquel que dice que no hay posibilidad de transmisión de información, ni replicación, sin que medie entre otros el ADN. Un prión carece de ácidos nucleicos, pero quien le hace entender ahora que no es un virus.

Imagen: Flickr-ACJ1

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