viernes, 27 de noviembre de 2015

Menor presencia de caries dentales en niños que reciben lactancia materna


La lactancia materna, exclusiva durante los primeros seis meses de vida y luego acompañada con otros alimentos hasta los dos años de edad, constituye para la Organización Mundial de la Salud (OMS) la forma ideal para aportar a los niños pequeños los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludable. Mejora la supervivencia infantil, disminuye drásticamente la presencia de infecciones gastrointestinales y previene la aparición de enfermedades crónicas. También según un estudio recientemente publicado aquellos lactantes que reciben leche materna tienen un menor riesgo de padecer caries dental durante la infancia temprana en comparación con los que toman solo biberón.


Carolina Martins, investigadora de la brasileña Universidad Federal de Minas Gerais, analizó toda la literatura científica existente acerca de este tópico para llegar a tal conclusión. Comunicó los resultados en la revista científica PLoS ONE. En las conclusiones de su artículo aboga por la puesta en marcha de nuevos estudios que permitan dilucidar con mayor precisión la beneficiosa asociación. Al mismo tiempo no duda en  recomendar la lactancia materna, según los lineamientos de la OMS, con la finalidad de prevenir la aparición de caries y mejorar la salud bucodental de los infantes. 

jueves, 22 de octubre de 2015

Vacunas y autismo, nada que ver





Otro articulo para Naukas. Nuevo estudio no encuentra vínculos entre vacunas con timerosal y autismo. Seguir leyendo en Naukas.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Tras un Infarto Cardiaco se incrementa el riesgo de Diabetes



La diabetes es una patología milenaria caracterizada  por un elevado nivel de un azúcar, o más precisamente de un hidrato de carbono denominado glucosa, en el torrente sanguíneo de los enfermos. También es conocida lamentablemente por el compromiso de diversos órganos tales como riñones, vasos sanguíneos, o incluso los ojos entre muchos otros. Durante su historia los expertos han sabido detectar factores de riesgo que se deben evitar si lo que se quiere es no padecerla, también han logrado diseñar tratamientos cada vez más eficaces para combatirla. Recientemente acaban de vincular al infarto cardiaco con un mayor riesgo de padecer diabetes.

Un médico rutinariamente pensaba en pesquisar diabetes cuando se enfrentaba a un paciente con sobrepeso, alteraciones en las cifras de colesterol o triglicéridos en sangre, o presión arterial elevada. Según un estudio publicado en la revista PLoS ONE el antecedente de haber sufrido un infarto cardiaco independientemente de los otros factores nombrados es otra condición que ahora deberán tener muy en cuenta. Hyuk-Sang Kwon, investigador de la Universidad Católica de Corea, lo recomendó en las conclusiones de un trabajo en el que analizó una base de datos con más de 2000 pacientes.

Un infarto cardiaco, o agudo de miocardio según los cardiólogos, consiste en la lesión de una capa de músculo que se encuentra habitualmente en el corazón. Ni más ni menos que esa que le permite cumplir su rol fundamental de bomba aspirante e impelente de sangre. Suele desencadenarse por alguna obstrucción y pérdida de flujo sanguíneo en arterias vitales conocidas como coronarias.  Numerosos estudios han asociado a la diabetes con un incremento en el riesgo para padecer un infarto. Generalmente debido a que predispone a la formación más acelerada de placas de ateroesclerosis –verdaderos acúmulos de colesterol entre otros componentes- en el interior de las coronarias. Lo relatado constituye uno de los principales problemas para la salud pública en todo el mundo.

Todos los pacientes seguidos por Kwon al momento del ingreso a un centro asistencial por un infarto agudo de miocardio no presentaban antecedentes previos de diabetes. No había diagnósticos aportados por médicos en las historias clínicas, tampoco alteraciones en las pruebas de laboratorio empleadas con anterioridad para dar con diabetes. Pero luego del paso por la Unidad Coronaria un número significativo de ellos comenzó a tener dificultades para controlar la concentración de glucosa en sangre.

La diabetes es una enfermedad que puede deberse a muchos factores. Entre ellos ha sido relacionada con procesos en el cual existe lo que se conoce como inflamación generalizada o sistémica. Quizás el más conocido sea la obesidad, situación en el que todo el organismo se ve expuesto a la acción de nocivos compuestos proinflamatorios que terminan impactando en diversos órganos. No esta claro el mecanismo exacto por el cual estos compuestos -entre los que se destacan elementos presentes en la sangre tales como los glóbulos blancos y algunas proteínas-  generan compromiso. La presencia de grasa abdominal favorece la liberación de los citados.

Los expertos tienen en claro que otra condición  proinflamatoria la constituye un infarto agudo de miocardio. Debido a la falta de circulación en las arterias coronarias se genera una necrosis o muerte de algunas células musculares cardiacas. Secundariamente el sistema inmune responde con  la liberación de mediadores proinflamatorios, que en el afán de actuar como elementos de defensa terminan por generar mayores complicaciones. Algunos estudios han reportado empeoramiento de placas de arteriosclerosis en sitios distantes a una zona de infarto cardiaco debido a la inflamación generalizada reinante. Nuevas investigaciones deberán aclarar aún más la relación entre infarto, inflamación y diabetes. Por el momento los médicos tendrán que prestar más énfasis a la hora de detectar la aparición de diabetes en pacientes que hayan transitado por una unidad coronaria.





viernes, 24 de julio de 2015

Notorio aumento en el número de donantes y trasplantes en lo que va del año



Cada trasplante de órganos que se realiza en la República Argentina significa un logro para el sistema de salud y la sociedad en su conjunto. Es también por supuesto una valiosa  segunda oportunidad para personas puestas por una enfermedad en un difícil callejón sin salida. Causa satisfacción entonces que desde el Ministerio de Salud de la Nación hayan comunicado recientemente un aumento ostensible en el número de trasplantes realizados en el territorio argentino durante el primer semestre de 2015.

Las estadísticas aportadas dan cuenta de un incremento del 67% en la donación de córneas, en tanto que la de órganos lo hizo en un 8% con respecto al primer semestre de 2014. Según el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante(INCUCAI) hasta el 7 de julio pasado se habían realizado en el país un total de 1.434 trasplantes, con 902 trasplantes de órganos y 532 de córneas.

Con respecto a los trasplantes de órganos: 569 fueron renales, 198 hepáticos, 55 cardíacos, 39 de riñón y páncreas simultáneamente, 24 pulmonares, 2 intestinales, 1 pancreático y 14 trasplantes combinados.  Contabilizan 77 trasplantes más que los realizados en el mismo período del año anterior.

Lo citado es reflejo de un exitoso  trabajo articulado en el que participan organismos estatales destinados a la procuración de órganos, diversos establecimientos sanitarios especializados, además de entidades que bregan por la concientización de la población acerca de la importancia de la donación de órganos. Se registraron incrementos sustanciales en el número de donantes en diversas provincias argentinas entre las que se destacan Córdoba, Buenos Aires, Tucumán y Misiones.

En la Argentina el sistema de salud concreta un trasplante de órganos cada 5 horas, mientras que lamentablemente  cada tres ingresa un paciente a una lista de espera para realizarse uno. Se reafirma la tendencia hacia una creciente respuesta a la demanda de trasplantes en nuestro país”, concluyó el titular del INCUCAI  Dr. Carlos Soratti y agregó además que “ esto es importante, porque los indicadores no son casualidades, sino intervenciones fuertes en el sistema sanitario".

 Imagen: flickr-Arantxata

Atención, abrir en una nueva ventana. 

miércoles, 8 de julio de 2015

Para un Gen



Desde hace 50 años a esta parte
Han logrado recortarte y pegarte,
Colorearte para luego identificarte
En el cuaderno de la vida insertarte

Como a un sonido silenciarte o amplificarte,
Como a un periódico leerte y también editarte
¿Hoy te tocará duplicarte o borrarte?
Para la genética manipularte es un arte.

sábado, 4 de julio de 2015

Fe en el Placebo






Que una sustancia sea rotulada como inerte no necesariamente significa que sea inactiva o inútil postulan algunos creyentes. Aseguran que en cuestiones de salud una píldora que contiene placebo igual posibilita un encuentro terapéutico entre un médico y su paciente. Predican que la ausencia de un fármaco no es impedimento para que tenga lugar un complejo fenómeno biopsicosocial, que si bien no alcanza para curar, a veces basta para aliviar. Al igual que Hipócrates, padre de la Medicina, consideran a dicha tarea como algo no menor.

Esgrimen artículos publicados en revistas científicas y por eso confían en la liturgia médica. Ritos y símbolos de consultorio, que movilizan moléculas encargadas de trasmitir información entre neuronas. Destinadas a activar luego importantes áreas del cerebro de sus enfermos por ejemplo. Dopamina o endorfina por nombrar algunas, verdaderos neurotransmisores liberados por la empatía del médico tratante.

Saben bien los expertos que hay cosas que no se pueden curar con agua o azúcar. Un cáncer lamentablemente no retrocede con placebo, ni la obstrucción de un bronquio revierte en una espirometría. Ningún estudio por el momento ha demostrado la eficacia de un placebo a la hora de modificar los mecanismos que desembocan en una enfermedad. Tampoco son capaces de alterar la evolución natural de la misma. Entonces, ¿Cuál es el rol actual que le cabe al placebo? Ni más ni menos que el alivio de síntomas.

Con placebo una persona que padece Cáncer de Pulmón puede experimentar mejoría en síntomas incapacitantes -tales como fatiga o dolor- luego de haber fracasado a opciones que involucraban medicamentos empleados habitualmente en la práctica rutinaria. Según la evidencia científica disponible, algo similar ocurre en ciertos trastornos neuromusculares, gastrointestinales o urogenitales.

La puesta en juego de un placebo es mucho más que un acto de simulación que involucra píldoras o jarabes. Un reciente estudio comparó la eficacia de rizatriptan, un fármaco efectivo  para el tratamiento de la migraña, contra placebo. Casi como picardía los investigadores no tuvieron mejor idea que rotular al placebo como rizatriptan y a la sustancia inerte como el probado antimigrañoso. Los pacientes fueron divididos luego sin saberlo en dos grupos según el tratamiento administrado.

Aquellos que recibieron el placebo, engañosamente llamado rizatriptan, reportaron iguales reducciones del dolor que los que habían tomado verdaderamente el citado fármaco. En un segundo paso los investigadores intercambiaron los rótulos y dejaron todo de la manera correcta: Rizatriptan incrementó en un 50% su eficacia. Algo similar ocurrió en otros estudios con el analgésico morfina y el ansiolítico diazepam.

El que confía en un placebo sabe que su efecto no puede ni debe ser explicado, o confundido, con una remisión espontánea de síntomas, o con las fluctuaciones sintomáticas frecuentemente presentes en una determinada patología. Un placebo no es inactivo, a veces tampoco inocuo.

Abundan en la literatura médica pacientes que han reportado eventos adversos luego de la administración de un placebo. Lo citado es fácilmente palpable en el terreno de la investigación clínica. Allí según algunas estadísticas entre el 4 al 26% de los pacientes que sin saberlo reciben placebo optan por discontinuar un ensayo. Abrumados por eventos adversos que en realidad estarían vinculados al fármaco que se quiere estudiar. Los investigadores han llamado a dicha contingencia Efecto Nocebo y no dudan en coincidir que es un tópico que merece mayor investigación.

Los convencidos del Efecto Placebo valoran ese viejo aforismo que afirma que “los  médicos son capaces de curar algunas veces, aliviar frecuentemente y confortar siempre”.  Ted Kaptchuk, profesor de Medicina de la norteamericana Universidad de Harvard, parece ser uno de ellos. En la revista New England Journal of Medicine (NEJM) -uno de los púlpitos más prestigiosos e influyentes en cuestiones vinculadas a las salud humana- acaba de brindar su perspectiva. Palabras que en definitiva motorizaron este artículo hasta convertirlo casi en una traducción literal.

Kaptchuk desde allí aboga por nuevos estudios diseñados específicamente para evaluar la eficacia y seguridad  del placebo en diversas condiciones médicas. Busca obtener datos científicos valiosos, pero ya  no en el contexto de una investigación destinada a probar un nuevo antibiótico o un antihipertensivo. “Necesitamos saber de manera precisa cuándo, cómo, en qué dosis y con qué frecuencia  estas intervenciones pueden tener un efecto terapéutico benéfico”, sugirió en NEJM.

Para Hipócrates el alivio del dolor era tarea de los Dioses. Kaptchuck cree que todo médico aunque no pueda curar carga con la obligación de paliar el sufrimiento innecesario que en sus pacientes genera la enfermedad. Y si tiene que ser con placebo, una sustancia habitualmente subestimada y descalificada, por el bien de los enfermos no duda en peregrinar para que así sea.

domingo, 7 de junio de 2015

Humanos Modernos: dede el Levante a Europa






A Europa desde el Levante llevamos una ilusión
También herramientas y ornamentos para la ocasión
Algunos Phorcus turbinatus servirán de alimentación
Quizás pasados cuarenta mil años se hable de la expedición.

Mas Info en:

miércoles, 18 de febrero de 2015

Las rayas de la cebra




Las rayas de una cebra constituyen el aspecto más llamativo de la especie. Con tonalidades intensas o tenues, distribuidas por todo el pelaje o focalizadas en un sector. Según recientes hallazgos cumplen funciones vinculadas a la regulación de la temperatura corporal.

¿Por qué se rayó  la cebra se preguntan frecuentemente los científicos?  Si bien coinciden en que las rayas constituyen un mecanismo adaptativo, aún no logran definir bien que significan desde el punto de vista evolutivo. Para algunos estarían vinculadas con la evasión de predadores tales como por ejemplo el león. Según afirman algunos expertos  las  rayas permiten generar una especie de ilusión óptica que al modificar la percepción del tamaño, velocidad y trayectoria de la presa confunden al predador.

Otros creen que generan un efecto repelente, siempre útil contra molestas picaduras de tábanos. Algunos estudios dan cuenta  que en zonas en donde predominan estos insectos -que prefieren  para alimentarse las patas del animal debido a que en esa zona la piel es más fina- las cebras suelen tener rayas en las extremidades.

Thomas Smith, investigador del Departamento de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de California, en tanto considera que uno de los principales estímulos para la aparición de las rayas es la temperatura del medio ambiente a la que está expuesta. En un artículo, publicado recientemente con un grupo de colaboradores en la revista Royal Society Open Science, logró determinar que a medida que el calor se incrementa  las rayas también ganan distribución y tonalidad.

Por medio de un modelo de simulación documentó que en aquellas zonas de África más cercanas a los trópicos las cebras lucían rayas más extensas  y definidas. Hacia el sur tendían a atenuarse y desaparecer. Por el contrario no encontraron ninguna correlación entre la presencia de rayas y encuentros con leones o tábanos en las zonas estudiadas.

El citado mecanismo de termorregulación ya ha sido propuesto en estudios anteriores. Surge de una hipótesis a confirmar: las rayas negras y blancas reaccionan de manera diferente frente al calor y generan un remolino de aire que desencadena luego un efecto enfriamiento.  A mayor contraste entre blanco y negro, mayor enfriamiento.


Si bien para Smith puede no ser el único mecanismo involucrado – las rayas únicamente en las patas del animal serian mejor explicadas por medio de su efecto repelente contra tábanos-  la termorregulación  luego de su aporte pasa a ser un mecanismo fundamental a la hora de explicar  por qué se rayó  la cebra.

Imagen: Flickr

martes, 13 de enero de 2015

Antiinflamatorios y menor riesgo de cáncer



El consumo crónico de medicamentos con propiedades antiinflamatorias (AINES) se encuentra muy extendido entre la población de todo el mundo debido a que suelen ser baratos y de venta libre en farmacias. Aunque numerosos efectos adversos especialmente aquellos vinculados a los aparatos digestivo y urinario han sido asociados a la automedicación, y también al tratamiento prolongado, se resisten a perder ese rótulo de míticas panaceas. En tiempos en que los médicos alertan sobre las complicaciones de su empleo irracional un estudio suma evidencias acerca de un posible rol en la prevención de ciertos cánceres.

Diversos tumores malignos como por ejemplo el de colon, hígado, o en la mujer el del endometrio uterino, han sido relacionados con la inflamación. Una célula cancerosa sufre un daño en su material genético que la lleva luego a una proliferación descontrolada. Alteraciones en el ácido desoxirribonucleico (ADN) desencadenan mutaciones que le permiten a la célula: eludir mecanismos de control, generar vasos sanguíneos que le aseguran aporte nutritivo y diseminarse a distancia para colonizar distintos órganos. Numerosos artículos dieron ya cuenta acerca del rol facilitador que tiene la inflamación crónica en cada uno de los procesos citados.

Un estudio publicado recientemente en la revista PLOS ONE siguió durante un periodo de diez años a más de 300.000 personas que residían en distintas ciudades de los Estados Unidos. Liderados por Fatma Shebl, investigadora del Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos, un grupo de científicos logró determinar que las personas que referían por distintos motivos tener un consumo regular y frecuente de AINES tenían menos diagnósticos de cánceres en comparación con aquellas que no los recibían tan frecuentemente. Así los individuos que se medicaban habitualmente con aspirina tenían menores chances de padecer cáncer hepático o del endometrio uterino.  Mientras que aquellos que ingerían ibuprofeno tenían menos problemas en el colon y la próstata entre otros órganos.

Los mecanismos por el cual los AINES reducen los riesgos aún no están del todo dilucidados y son frecuentes tópicos de investigación en laboratorios. Principalmente ha sido invocada la inhibición directa de la síntesis de prostaglandinas, compuestos que desencadenan el proceso inflamatorio y participan también en la génesis tumoral.

De ningún modo el trabajo de Shebl habilita la utilización rutinaria de antiinflamatorios con la finalidad de prevenir cánceres. Una recomendación terapéutica se construye lentamente con el peso de las evidencias. Nuevos estudios deberán aclarar cuestiones inherentes a la eficacia y seguridad en el empleo de dichos medicamentos para esta nueva indicación. Por el momento la mejor estrategia es la modificación de factores de riesgo, el diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno.


Lo que Shebl sí logró fue abonar aún más una línea fértil de investigación que pugna por encontrar medicamentos que protejan a personas con riesgo elevado de padecer diferentes cánceres. También los resultados permiten pensar en cambios de paradigmas, con AINES incorporados regularmente al arsenal terapéutico de los oncólogos. En una enfermedad que por ejemplo en 2012, y a pesar de grandes avances logrados, causó más de 8 millones de defunciones en todo el mundo lo logrado por la investigadora no parece poca cosa.

Imagen: Flickr-Ghost of anja