martes, 13 de enero de 2015

Antiinflamatorios y menor riesgo de cáncer



El consumo crónico de medicamentos con propiedades antiinflamatorias (AINES) se encuentra muy extendido entre la población de todo el mundo debido a que suelen ser baratos y de venta libre en farmacias. Aunque numerosos efectos adversos especialmente aquellos vinculados a los aparatos digestivo y urinario han sido asociados a la automedicación, y también al tratamiento prolongado, se resisten a perder ese rótulo de míticas panaceas. En tiempos en que los médicos alertan sobre las complicaciones de su empleo irracional un estudio suma evidencias acerca de un posible rol en la prevención de ciertos cánceres.

Diversos tumores malignos como por ejemplo el de colon, hígado, o en la mujer el del endometrio uterino, han sido relacionados con la inflamación. Una célula cancerosa sufre un daño en su material genético que la lleva luego a una proliferación descontrolada. Alteraciones en el ácido desoxirribonucleico (ADN) desencadenan mutaciones que le permiten a la célula: eludir mecanismos de control, generar vasos sanguíneos que le aseguran aporte nutritivo y diseminarse a distancia para colonizar distintos órganos. Numerosos artículos dieron ya cuenta acerca del rol facilitador que tiene la inflamación crónica en cada uno de los procesos citados.

Un estudio publicado recientemente en la revista PLOS ONE siguió durante un periodo de diez años a más de 300.000 personas que residían en distintas ciudades de los Estados Unidos. Liderados por Fatma Shebl, investigadora del Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos, un grupo de científicos logró determinar que las personas que referían por distintos motivos tener un consumo regular y frecuente de AINES tenían menos diagnósticos de cánceres en comparación con aquellas que no los recibían tan frecuentemente. Así los individuos que se medicaban habitualmente con aspirina tenían menores chances de padecer cáncer hepático o del endometrio uterino.  Mientras que aquellos que ingerían ibuprofeno tenían menos problemas en el colon y la próstata entre otros órganos.

Los mecanismos por el cual los AINES reducen los riesgos aún no están del todo dilucidados y son frecuentes tópicos de investigación en laboratorios. Principalmente ha sido invocada la inhibición directa de la síntesis de prostaglandinas, compuestos que desencadenan el proceso inflamatorio y participan también en la génesis tumoral.

De ningún modo el trabajo de Shebl habilita la utilización rutinaria de antiinflamatorios con la finalidad de prevenir cánceres. Una recomendación terapéutica se construye lentamente con el peso de las evidencias. Nuevos estudios deberán aclarar cuestiones inherentes a la eficacia y seguridad en el empleo de dichos medicamentos para esta nueva indicación. Por el momento la mejor estrategia es la modificación de factores de riesgo, el diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno.


Lo que Shebl sí logró fue abonar aún más una línea fértil de investigación que pugna por encontrar medicamentos que protejan a personas con riesgo elevado de padecer diferentes cánceres. También los resultados permiten pensar en cambios de paradigmas, con AINES incorporados regularmente al arsenal terapéutico de los oncólogos. En una enfermedad que por ejemplo en 2012, y a pesar de grandes avances logrados, causó más de 8 millones de defunciones en todo el mundo lo logrado por la investigadora no parece poca cosa.

Imagen: Flickr-Ghost of anja